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Electra machina -  Darwin Bedoya

Tercer libro de cuentos cortos del escritor  y poeta moqueguano Darwin Bedoya, quien se ha ganado un merecido respeto no solo por los premios que ha recibido (entre los más importantes, el Premio Horacio de cuentos y el Premio Copé de Oro de poesía), sino también por el coraje de su vocación literaria. 

Publicado: 2014-04-09

Electra machina (Editorial Hijos de la Lluvia, 2012) es un libro gobernado por las mujeres. Las cuatro partes en que está dividido (Bíblicas, Homéricas, Alephicas y En el bosque rojo) son versiones, homenajes e incluso remakes a esta, su gran protagonista, quien a lo largo de sus páginas será analizada literariamente desde distintos ángulos, épocas, raíces y culturas.  

El sustento de este libro radica, pienso, en la primera palabra de su título: Electra. Electra es, en la historia y el mito, el símbolo y reivindicación de la venganza femenina, el intento de defender una identidad enquistada en los ovarios, la maquinaria perpetua de un estado matriarcal. No es una sorpresa entonces que este libro tenga como máxima y suprema figura a la mujer y nada más que a la mujer. La mujer como objeto y fin. También como inicio y punto de tragedia del destino.

No hay duda de que me fascina descubrirme frente al espejo. Me alivia verme completamente desnuda. Cierro los ojos cuando imagino que a lo largo del día son tantos los que quisieran tenerme así”, confiesa una Cleopatra insaciable (p. 45). Con esto se descubre una de las intenciones del narrador: rendir homenaje al mito femenino. Sin embargo, sus intenciones se bifurcan a lo largo del libro y, ya sea a través de un narrador omnisciente, de un monólogo interior o un diálogo, degeneran las historias y crea para sí mismo versiones que únicamente responden al comprensible capricho de su imaginación. De ese modo, el lector no se sorprenderá de leer al final del libro las confesiones de una ninfómana y pervertida Caperucita Roja: “Desde entonces, cada vez que el lobo logra encontrarme me pide tres canastillas con castañas recién cortadas y grosellas rojas como mi caperuza. Y yo, por supuesto, cada vez que lo encuentro le pido pasar la noche en su guarida, y ahí practicamos mi propio juego” (p. 72). O también a una Madame Bovary que se revela ante la ficción que la ha concebido: “Sin embargo, inesperadamente, apareció por ahí un tal Flaubert, y el tipo, noche a noche me fue cambiando la vida. Desde que supo de mí comenzó a escribir y escribir, algo que él dijo sería una novela o algo así” (p. 60).

En pocas palabras, con este libro Darwin Bedoya quiere demostrar que puede narrar cualquier cosa que la imaginación y el deseo le exijan. Con su pluma puede envilecer, endiosar, sacrificar e incluso parodiar a las grandes heroínas y míticas protagonistas de la historia, la literatura, la religión y la fantasía: Virginia Woolf, María Madalena, Sarita Colonia, Helena, Lolita, Caperucita Roja, Blancanieves, etc.

Aunque en mi opinión hay pequeños defectos en cuanto al uso inflado del lenguaje y otros en cuanto a la construcción y técnica de los textos, el libro destaca por su estructura general, por el poder de su precisión, la riqueza de los recursos estilísticos y la constante poesía de las imágenes. Y eso lo hace, de lejos, un libro más que recomendable.

Finalmente, Electra machina reivindica a la mujer como centro de las pasiones y las tragedias del hombre y su destino. Es decir, funciona como un medio y fin en sí mismo para desentrañar una vez más la condición humana.


Escrito por

Álex Rivera de los Ríos

Escritor arequipeño. Ha publicado el libro de relatos Nena (La Travesía Editora, 2013).


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